Muerto hasta el anochecer!


Cuando el vampiro entró en el bar, yo llevaba años esperándolo.Desde que los vampiros habían empezado a salir del ataúd (como se suele decir medio en broma) cuatro años atrás, había estado deseando que uno viniera a Bon Temps. Si en nuestro pequeño pueblo ya teníamos a todas las demás minorías, ¿por qué no la más nueva, los muertos vivientes reconocidos por la ley?

Pero yo estaba esperando mi propio vampiro.Se puede decir, sin miedo a equivocarse, que no salgo mucho. Y no es porque no sea guapa. Lo soy: Tengo muy buen aspecto con el uniforme de camarera de verano que nos dio Sam: pantaloncitos negros, camiseta y calcetines blancos y unas Nike negras.

Pero tengo una discapacidad. O al menos yo trato de considerarla así. Los clientes del bar simplemente dicen que estoy loca.
En cualquier caso, el resultado es que casi nunca tengo una cita. Así que cualquier detalle es muy importante para mí. Y él se sentó en una de mis mesas: el vampiro.
Supe de inmediato lo que era. Me sorprendió que nadie más se girara para contemplarlo. ¡No se daban cuenta! Pero vi que su piel resplandecía levemente y estuve segura.
Podría haber bailado de alegría, y de hecho me marqué unos pasos junto a la barra. Sam Merlotte, mi jefe, alzó la mirada del cóctel que estaba mezclando y me dedicó una leve sonrisa. Cogí una bandeja y el bloc y me dirigí a la mesa del vampiro. Confié en que mi pintalabios se mantuviera todavía en su sitio y que la coleta estuviera bien puesta. Soy bastante nerviosa, y noté que una sonrisa me tiraba hacia arriba de las comisuras de los labios.

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